Patricia Solorza, la mujer que murió en prisión después de haber sido condenada por abortar a los cinco meses de gestación

Última foto de Patricia Solorza en prisión.
Esta es la última imagen que existe de Patricia Solorza, sacada por los cronistas del medio INFOBAE a escondidas durante la entrevista que le hicieron a ella en prisión.

Patricia era madre soltera de dos hijos. Fue condenada a 8 años de prisión por “homicidio agravado por el vínculo” y, aunque deberían haberle dado prisión condicional hace casi un año, murió en la espera.

Vivió hasta los 34 años en el partido de Quilmes junto a sus dos hijos que los tuvo como madre soltera, en ese entonces, Victoria de 4 años y Alejandro de 14. En 2014 Patricia fue detenida: había quedado embarazada, no se lo contó a nadie, y a los cinco meses de gestación abortó y luego se deshizo del feto en un descampado. Nunca le contó a nadie si lo había hecho sola o en alguna clínica clandestina. Fue acusada de homicidio agravado por el vínculo y estaba advertida por su abogada que podía ser condenada a perpetua. Frente a este escenario, Patricia aceptó ir a un juicio abreviado y recibió una condena de 8 años.

Como ella no tenía antecedente penales y estudiaba en el Cusam (Centro Universitario San Martín) -el programa que tiene esa universidad para personas en situación de encierro- sumaba argumentos favorables. Según las propias autoridades del Servicio Penitenciario Bonaerense tenía muy buena conducta. La entrenadora de las espartanas, Carolina Dunn, destacaba el esfuerzo y la visión colectiva del rugby que tenía Patricia. Por estos motivos. Solorza estaba en condiciones de pedir la libertad condicional, sin embargo, 11 meses después del pedido, la condicional no llegó. A principios de agosto de 2019, Patricia moría en el Hospital Carlos Bocalandro, ubicado muy cerca del Complejo Penitenciario 47, donde seguía presa.

Durante varios meses, Patricia se quejaba de varios dolores abdominales, y fue trasladada en varias ocasiones al hospital, luego, después de dos meses, por fin la operaron de la vesícula pero por complicaciones de una infección intrahospitalaria, quedó internada en terapia intensiva, y finalmente, muere allí. Sus restos fueron enterrados en el cementerio de Ezpeleta, el mismo barrio donde vivió y adonde hubiera vuelto viva si le daban la condicional. Se murió sin cumplir el sueño de ver a su hijo Alejandro ni a su hija Victoria.

Los responsables del Centro Universitario, en principio, no culpaban ni a las autoridades de la cárcel ni al hospital. Será cuestión de que el juez Merlino, quien está al frente de la causa, tome las medidas correspondientes para esclarecer en qué circunstancias murió Patricia Solorza y si hay o no culpables.

 

Los interrogantes están presentes. Uno, básico, es cómo puede ser que una detenida de buena conducta, en condiciones de obtener la libertad condicional para estar con su hija pequeña y su hijo con discapacidad (Alejandro posee un pequeño retraso madurativo producto de una meningitis mal tratada), no pueda acceder a ella. Además, si las cárceles bonaerenses están superpobladas, si las alcaidías están saturadas, si hay tantos detenidos en comisarías por falta de espacio en las prisiones, cómo no se pone énfasis en dar curso a las condicionales o, al menos, a una prisión domiciliaria con una tobillera electrónica.

¿La vida de Patricia se hubiera transformado si el 8A de 2018 el aborto seguro y gratuito hubiera sido ley? No sus condiciones materiales, eso no la hubiera sacado de la cárcel. Y sin embargo, y esto es como escribir en el agua aunque habiendo recorrido demasiadas escrituras sobre los cuerpos oprimidos por el patriarcado, es posible que esa voz jerarquizada de “la Justicia” hubiera pesado menos, hubiera dejado hablar a la propia, la que sabe lo que se sabe en el cuerpo, en la temperatura de la experiencia, en la experiencia compartida. Tal vez esa voz pusiera en caja a la culpa, tal vez esa voz nueva podría decir Sí o decir No, para ella o para otras. Pero esa voz ahora está muda para siempre. Y además, no hay ley todavía de aborto seguro y gratuito. Y lo que hubo desde esa confirmación que pretendió disciplinar a millones en las calles es la respuesta organizada de un contraataque conservador y fundamentalista que le teme, sobre todo, a las decisiones autónomas de las mujeres. Le teme al poder del deseo de todas esas identidades que hacen temblar la tierra sobre la que se edifican los privilegios que otorga el patriarcado. Les da terror la emancipación de esos cuerpos y esas voces hartas del sistema de culpa y castigo, hartas de la obediencia. Pero es inexorable. Contra todo, nosotras, decidimos.

 

Fotografía: INFOBAE

Video: ZORRILLA, Gonzalo Francisco – MARCOS, Lucía Magalí

Autor: DECHAT, Flavia Andrea


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