Sabía que estaba enfermo. Que la muerte estaba muy próxima. Sin embargo la noticia me impactó al punto de dejarme un enorme sentimiento de vacío.

¿Cómo un empresario puede penetrar tan profundo en la vida de un simple usuario de sus productos? Es que Jobs fue mucho más que el creador de artículos innovadores y revolucionarios. Jobs encarnó una filosofía de vida: Think Different.

Un nuevo paradigma. Una manera diferente de pensar y hacer las cosas.

Su pasión arrolladora me contagió desde mi primer contacto -en 1985 en la redación de El Territorio- con la primera (y pionera) Macintoch. Desde ese momento, hasta hoy usé exclusivamente Apple. Pasé por casi todos los modelos: Performa, Ebook, IMac, Macbook, IPod. IPhone…

Con cada artículo, Jobs creó una filosofía de vida: con la Macintoch, la metáfora del escritorio. Con el IPod una nueva manera de escuchar música. Con ITunes una forma diferente de entender la industria cultural. Con el IPhone una nueva dimensión en celulares que no sólo revolucionó el mercado con la pantalla táctil sino que terminó de perfilar el mundo multiplataforma: generó una nueva forma de leer los diarios, el email, mirar videos y tener en la palma de la mano a una amplísima gama de servicios personalizados gracias a su otro gran invento: las App y el Apple Store. Finalmente, el IPad  que cambió el concepto de la computadora y aseguró el crecimiento del mercado de ebooks.

Algunos lo comparan con Gutemberg. Otros, lo llaman el Thomas Edison del siglo veintiuno o lo comparan con Von Neumann. Sin embargo, yo creo que ese niño de Palo Alto que fue entregado por su madre en adopción marcó la diferencia porque su genialidad sobrepasó el ámbito meramente tecnológico: era también un genio de la promoción y la imagen (el anuncio que utilizó para el lanzamiento del primer Macintosh, rompió moldes y está considerado como uno de los 50 mejores en la historia de la televisión); su estética es toda una declaración de diseño. Y su discurso en la Universidad de Stanford no sólo es una enseñanza de vida, sino la encarnación de una estructura discursiva directa y eficaz.

Y hay más: su imagen se identificó tanto a cada uno de sus productos que es imposible no recordarlo cada vez que nuestro dedo –ese instrumento maravilloso, decía- se desliza por sus pantallas.

Esta noche necesito –y quiero- despedirlo recordando sus palabras: “La muerte es posiblemente el mejor invento de la vida. Es el agente de cambio de la vida. Retira a lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastes viviendo la vida de otro. No se dejen atrapar por el dogma. Y lo más importante:  tengan el coraje de seguir a su corazón, a su intuición. De algún modo, ellos saben realmente lo que quieres hacer. Todo lo demás es secundario. Sigue hambriento. Sigue alocado”.

Sigue hambriento. Sigue alocado.

Gracias, Steve.

Discurso para los egresados de la Universidad de Standford

Video de la presentación del Macintosh en 1984